Copito que rueda y Copita de Rueda

Decía un señor con un nombre muy sabroso que “La maravilla de un solo copo de nieve supera la sabiduría de un millón de meteorologistas” (Francis Bacon) Yo la nieve la he visto poco o copísimo – no os voy a mentir- porque una mentira es como una bola de nieve; cuanto más rueda, más grande se vuelve, es por ello que a las mentiras se las suele llamar “bolas”; digo yo. A lo que si estoy acostumbrada es al frío porque como ya os dije en mi casa sopla el viento del norte y recorre todo el pasillo ordenando las pelusillas debajo del sofá. Es como vivir en una fresquera, por eso tengo el piso lleno de refrescos y frescos. Hablando de frescos. En una ocasión tuve una hermosa relación con un muñeco de nieve, os voy a relatar la tristísima historia que aconteció aquel nada glorioso invierno.

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Al principio era un chico de carne y hueso al uso, lo que diferenciaba a este joven de los demás era su hipersensibilidad y susceptibilidad extrema. Como se le solía poner la carne de gallina y tenía un virtuoso piquito de oro siempre sospeché que terminaría convirtiéndose en el Gallo de Morón pero una mañana en la que se encontraba leyendo las crónicas del periódico el tío se quedó helado, conviertiéndose en un muñeco de nieve. Tras la metamorfosis vivimos un tiempo muy feliz, sobre todo porque no se había convertido en cucaracha después de leer las necrológicas. Sus bracitos de ramas peladas eran como nuestra cuenta bancaria intentando pasar hoja. En casa nunca hablábamos del calor del hogar, era yo la que me derretía por él hasta que llegó la primavera y se convirtió en un charco de lágrimas.

En fin -un chasco de lágrimas- mientras los pajarillos cantaban aquello de “pío pío que yo no he sido”, el sol silbaba mirando a otra parte. Desde entonces  siempre he preferido el invierno donde los días son más cortos aunque sigan teniendo 24 horas, de las que paso 20 acodada en la ventana esperando que Copito vuelva (yo le llamaba Copito que rueda y él me llamaba Copita de Rueda, así pasábamos el tiempo rodando cada uno a su manera.) No importaba si el día se presentaba alzo o funesto, razono o desbarro, que él siempre repetía las mismas palabras como moraleja en mi oreja:

” Lo importante es sonreír porque la risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro.”

Clorata de Potasa

PD: Lo que a mi me gustaría es que Carla inmortalizara a mi familia con su cámara -que supongo es frigorífica-  porque lo de fenecer da mucha pereza y mi familia está también más dispuesta a posar que a reposar. ( Una de Humor Negro, un blanco perfecto en la nieve)

 

 

 

 

 

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3 pensamientos en “Copito que rueda y Copita de Rueda

  1. Querida Clorata de Potasa, para mi cámara frigorífica será un honor fotografiar a tu familia, el humor negro combina muy bien con el amor blanco. De hecho son los colores de la temporada primaveral!
    Carla

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    • Estimada Carla para combinados en blanco y negro, el Vanila Ice Saker, por ejemplo, me va bien, gracias. Cuando sea inmortal gracias a su cámara frigorífica vendrán los líos de no herencia que suelen ser una lata y necesitaré muchos de esos combinados. Como decía Copito ” Lo bueno es sonreír porque la risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro.” Clorata de Potasa

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  2. Querida Clorata de Potasa, para mi cámara frigorífica será un honor fotografiar a tu familia, el humor negro combina muy bien con el amor blanco. De hecho son los colores de la temporada primaveral!
    Carla

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