Madama de Elche

Como bien saben y sino sepan aquí; no hace mucho que Carla y Clorata, acompañadas de buenas amigas – hay que procurar que las amigas sean buenas, porque las malas son una lata-,  tuvimos la suerte de viajar como discípulas de la ilustre literata Madame Bobarín. Bobarín estaba muy contenta por desplazarse a Elche, ya que en los viajes se aprende mucho y sobre todo si uno se lee un libro o dos. Todos ustedes se creen que un viaje en tren es un pasar de vacas y postes telefónicos, pero si uno mira bien, puede pasar de todo. No tardamos en darnos cuenta cómo según se acercaba el tren a Alicante, Bobarín iba adquiriendo un parecido asombroso con la dama de Elche. A todos – menos a uno que iba dormido- nos sorprendió la facilidad que tiene Madame Bobarín para mimetizarse.

Madama de elche copia

– Encantada de conocerla señora.- le dijo un señor que estaba encantado de conocerla.

– Mucho busto.

– El busto es mío.

– No perdone, pero es mío.

Y así se pasó la mitad del viaje hasta que descubrió el bar.

Cuando en la vida se le presenta a una un problema de semejante magnitud lo primero que hay que hacer es consultar la carta de bebidas ya que en el tren uno no puede consultar con la almohada.

 Al principio pensamos que la metamorfosis de Bobarín podía haberse debido a las botellitas de Faustino VII que fué ingiriendo. Según ella, lo de beberse un Faustino VII es una fanfarronada, lo suyo es tomarte siete o beberte un Faustino I.

faustinos

 Así salen las fotografías cuando has tomado Faustino I, cuando lo que bebes es Faustino VII las fotografías salen asá :

faustinos

Al llegar a la estación las autoridades impertinentes decidieron que Bobarín era un busto sospechoso. Nosotras insistimos en demostrar que era nuestra amiga pero no hubo manera de reducirlos. La única que se había quedado reducidita era Madame Bobarín.

– ¿A qué ha venido a Alicante? ¿Donde se dirige usted? ¿Qué laca de pelo utiliza? ¿ A cuántos estamos hoy?

– He venido a colocarme en la Alcudia- respondió Bobarín.

Tras decir esto la policía procedió a registrarla en busca de estupefacientes y le requisó la documentación y un bocata de calamares.

– Señora usted no se parece en nada a esta otra señora que sale en la foto.

bobar

– Es que no soy yo. Es una señora de Cuenca muy simpática, como le salieron seis fotografías en el fotomatón y sólo necesitaba una… me prestó las otras para no gastar.

-¿Tiene usted toda la documentación igual?

– No,  en el carnet de conducir tengo la foto de Casto, que es uno que conduce muy bien.

retirado

– Ese carnet lo hemos retirado.

– ¡Qué va! El retirado es Casto, se jubiló hace un año.

– ¿Y las huellas dactilares?

 – ¡Uy esas! Se me borraron friendo un huevo frito, pero dí las de los pies.

– Esto parecen dos dedos.

– Es el dedo y su juanete.

El policía introdujo a la Madama de Elche en una sala llena de interrogaciones.

– Enséñeme su billete de tren.

– Se me voló en la parada de Albacete mientras fumaba un cigarrillo.

– Eso es muy grave, tenemos que detenerla.

– Pues a mi lado viajaba un billete sin pasajero, pero claro, a ese no le dicen nada.

– ¿Por qué se ha quedado de piedra?

– Mire usted, debido al tamaño de mis asentaderas suelo comprar dos billetes para poderme sentar cómodamente, con tan mala suerte que me pusieron los dos asientos separados. Me dividí en dos un rato y luego ¡ Plof !  me quedé de piedra. Pero ¿No cree que soy una piedra preciosa?.

– No señora, usted es una piedra caliza.

– De piedra castiza nada, soy de Rasca Fría y un poco de Extremadura.

– Lo que es usted es Protohistórica.

– Me encanta el Protos, desde el crianza al verdejo…

– Lo que no puedo negar es que es usted escultural. ¿De dónde dice ser ?

– Me hubiera gustado ser tartesa por lo de los pasteles… ahora me temo qué soy Íbera perdida.

– ¿Se ha perdido?

– No señor porque usted me ha encontrado enseguida.

– ¿Trafica usted con algún producto?

Bobarín con su ahincada tendencia a la erudición contestó:

– No señor, sólo traigo este libro para presentarlo en Elche.

Mientras el policía leía el libro, Bobarín se dio a la fuga gritando:

– ¡ Leer os hará libres ! ¡ Leer os hará libres !

Y todos en Elche leyeron aquél precioso libro y fueron muy libres para siempre.

Clorata de Potasa

 Gracias a la “Asociación de Mujeres por Elche” y a la  Librería Ali i Truc, a Isabel, Teresa, Lola, Carla y Esperanza, por cargar con la piedra.

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