Apurando vacaciones sin depresión

Dedicado a Almudena, Rodrigo, y Guillermina.

Suele suceder en La Fórmula Femenina, que sea Madame Bobarín quien me responda. Pero el tema me pide continuar con su último post, posterior al mío..

Para volver hay que irse, y otras vacaciones… 

Resultó que al leerlo y enlazar de nuevo (hoy la cosa va de enlaces) con su magnífica entrevista al pionero del Iron-Boarder (deporte de alto riesgo), me sobrevino la idea.

Me haría deportista de alto riego y practicaría el Iron-Border como método para no caer en esa amenaza que otros medios de comunicación se empeñan en que padezcamos. La depresión post vacacional.

Y así fue como me hice profesional del nuevo deporte ideado por Woddy en exclusiva para El Dodo (la revista por humor al arte y sin plumas en la lengua)

Para mi primera incursión como Iron-Border fui pertrechada con un equipamiento completo, bicicleta incluida.

Días después me animé a conquistar la cresta de las olas, digo bancos..Pero aún con el temor de hacer Iron-Border como un churro…

Mi mascota, Lego, me acompañaba en estos, los primeros intentos y parecía observar con interés.. ¿Estaría pensando él también en la manera de evitar el shock de la vuelta a la ciudad?

Mientras tanto, en casa también parecían aficionarse, y siguiendo las instrucciones de nuestro pionero, Woddy, empezaron a entrenar y a practicar estiramientos Iron-Border.

Y ya con toda la familia sucumbida al humor y una vez perdida la vergüenza de los primeros intentos…

El deporte de alto riesgo empezaba a tomar forma y plataforma..

Y Lego, seguía interesado, no quería quedarse al margen. El mar acompañaba aquella mañana y zarpamos rumbo a ninguna parte. Bueno, sí, rumbo a probar la flotabilidad del invento. Por el camino nos cruzamos con seres del pasado, que practicaban deportes antiguos y casi olvidados, el paddle board y el piragüismo…

 

Lego no quiso arriesgar mucho y escogió una zona en calma para su primera gran aventura y pasar a la historia como el primer perro Iron-Border…

 

Yo intenté imitarle, y en fin, casi me ahogo al resbalar mi Iron-Border e intentar que no cayera al fondo..  ¿Acaso pensé que flotaba?

 

Y partida de la risa, que (en el fondo) era de lo que se trataba, disfruté de mis últimos días de vacaciones.

Este invierno contaré muchas historias estivales, pero si en algún momento me ataca esa depresión, sabré que tengo un Iron-Border siempre a mano dispuesta a hacerme pasar un buen rato…

 

Ánimo a todos los que en estas fechas se sienten agobiados por la vuelta al cole, pensad que hay 6 millones de personas deseando tener esa oportunidad.

Feliz Iron-Border.

 

 

 

 

 

 

 

 

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