Campo de Criptana

Si el Quijote comienza con el famoso “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” y por cuyos detalles y descripciones parece tratarse de Alcázar de San Juan, parece ser que fue en Criptana donde a nuestro hidalgo caballero se le aparecieron los gigantes, ya que era en esta comarca donde más molinos había en la época.

Capítulo VIII. El Quijote.

“En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza. Aquellos que allí ves, respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino.–“

Es en Campo de Criptana donde encontramos los tres  tipos de molinos del viento del siglo XVI que existen en la Península. Llegó a haber muchos, dicen que hasta 34 pero en la actualidad solo quedan diez y de estos, tres son del siglo XVI y conservan tanto su estructura original como su mecanismo (Molinos Burleta, Infanto y Sardinero) Fueron construidos siguiendo las pautas de los molinos holandeses. Desde 1978 son   Bienes de Interés Cultural. Están situados en La Sierra de los Molinos y el Cerro de la Paz, en lo alto del pueblo.

 

Recorrer el barrio morisco a los pies de los molinos es regresar al pasado. Cuando entre 1567 y 1571 llegaron a esta zona los moriscos tras la sublevación de las Apujarras.

De ahí que este barrio mantenga sus colores moriscos, el blanco y el añil.

Un encantador pueblo con gigantes, cuevas, callejuelas, plazas, escalinatas y una luz especial, a pesar de las nubes que decoraban aquel día el cielo.

Rincones y detalles en blanco y añil

La Ermita de la Virgen de la Paz se encuentra en el propio Cerro de la Paz. Desde allí el campo manchego se abre a nuestros ojos. La Ermita estuvo dedicada a San Cristóbal, el protector contra las pestes. Su planta es rectangular y de una sola nave. Cuando fui a fotografiarla, la noche había caído, así que tendré que volver..

Para comer Las Musas, con espectaculares vistas al pueblo y en la misma explanada de los molinos, perdón gigantes. Paletilla de cordero, cochinillo, chuletitas y como no, una degustación manchega en la que no pudieron faltar las migas con uvas, pisto,  gachas, quesos manchegos. Y una deliciosa selección de repostería manchega, dátiles con helado, leche frita..

Por la noche son muy agradables las cuevas de La Marcela, situadas en la parte baja de Las Musas.

Espero que este paseo por Criptana a 150 km de Madrid, os anime a visitarlo,  a soñar con gigantes a descubrir sus bellos rincones y saborear sus viandas.

  Para dormir: La Casa del Bachiller. Cerro de la Paz. Campo de Criptana Para comer. Las Musas. C/Barbero 3, 5 y 7. Campo de Criptana

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