Una decepción llamada Mugaritz

imageViajamos hasta Guipúzcoa donde se concentra el mayor número de estrellas Michelin del mundo. Con la ilusión con la que un apasionado de la gastronomía y sus sensaciones planea estos viajes “gastros”, habíamos reservado en el calificado como 6º mejor restaurante del mundo. Dos estrellas desde el año 2005 y cuyo chef es considerado por las prensa gastronómica internacional como “el fenómeno gastronómico más importante en el panorama internacional de los últimos tiempos”. Con esta expectativa la excitación era máxima. En un centenario robledal, en la frontera de Rentería con Astigarraga y en un enclave privilegiado por su belleza, tranquilidad y verdor norteño, nos esperaba una noche de experiencias y sensaciones. Muga eta haritza en vascuence, el roble de la frontera en castellano.

Mugaritz.

Los criterios y opiniones gastronómicas son por definición subjetivas. No es mi intención describir uno por uno los 24 platos del menú. Es evidente que unos gustaron más que otros. Pero nuestra visita a Mugaritz, con tanta ilusión planeada, acabó siendo una triste decepción.

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Llegamos a las ocho y media para poder visitar con calma lo que llaman la huerta y que cumple función de abastecimiento con hierbas, plantas y flores comestibles traídas de los rincones más curiosos del mundo. Convierte el espacio exterior al restaurante en un bonito jardín con parterres hechos con viejas vigas de madera. No era la primera vez que acudía a una huerta gastronómica, Fernando del Cerro o Santi Orts entre otros de los grandes ya me habían convidado antes a sus huertas, y aunque las comparaciones son odiosas, quizá por eso mi expectativa era otra. (Incluso llevaba en el bolso unas alpargatas que por supuesto no necesité). Tuve la sensación de que aquel paseo entre parterres era más bien una “marketiniana” puesta en escena.

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Tampoco tuvimos la sensación de exclusividad en la visita a la cocina. Al igual que la huerta, cualquier persona que lo solicite puede hacerlo y aunque este hecho me parece muy bien, las explicaciones fueron frías. Cuando cualquier persona decide invertir en algo tan supuestamente especial busca precisamente eso. Sentirse especial.
Realmente se visita la entrada de la cocina desde donde uno puede apreciar el estrés y la concentración que reina entre los fogones más exigentes. Pero las explicaciones resultaron rápidas, frías e impersonales. Andoni Luis Aduriz aquella noche no estaba…

Mi hobbie es la cocina y por eso me tomo cada experiencia gastronómica como una master class. Los días previos los vivo con ansiedad y nerviosismo. La excitación va aumentando a medida que se acercan el momento. Y cuando éste llega una especie de aurea mágica en clave de sensaciones se apodera de mí. Quiero aprenderlo todo.

¿Qué espera alguien que con meses de antelación y muchísima ilusión reserva en un restaurante con estrellas Michelin?
Para empezar que el servicio sea impecable. A las nueve en punto estábamos sentados en nuestra mesa, mantel blanco y una original porcelana de un plato partido en tres. Sencillo, elegante, diferente.

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Pedimos al sumiller la carta de vinos y sus recomendaciones en blancos. Y esperamos con la ansiedad, la curiosidad y la excitación propia del momento. Más de media hora después el vino blanco llegó a temperatura ambiente junto con el primer entrante. La espera se hizo larga, bien es cierto que estando en buena compañía las esperas se llevan mejor. Pero en un 2 estrellas Michelin los tiempos son fundamentales.

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Y no es de recibo tardar media hora en servir un vino blanco, y que no llegue frío. Peor aún cuando la misma historia se repite en el siguiente caldo. En uno de los mejores restaurantes del mundo tampoco deberían esperar a que se reclame el vino para servirlo, como tuvimos que hacer en varias ocasiones.
La gastronomía no es sólo gusto, son los 5 sentidos los que se ponen en marcha para jugar al placer. Y el gusto es pareja de la vista, amigo del tacto, hermano del olfato, y muy querido por el oído.
Por eso cuando con cierta brusquedad pusieron ante mis ojos aquel ladrillo de madera con un pato que en su día fue en ella tallado, y cuyo hueco estaba ocupado por la piel del cuello de un pato como prolongación del dibujo, mi piel sintió un escalofrío. Imaginé al pato colocado en aquel hueco de madera esperando a ser degollado. La madera además estaba bastante estropeada por el uso. Fui incapaz de apreciar ninguna magia especial en aquel crujiente con sabor a menta. No quise sentirme derrotada tras este primer round, pero nunca olvidaré el sentimiento de decepción y la poca magia que me produjo aquel momento.

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Experimentar la sensación de vivir una experiencia única y mágica es la seducción máxima en forma de aromas y sabores cuando un amante de la buena mesa acude a cualquiera de los grandes entre los grandes. Dejar que los 5 sentidos se vuelvan locos.
Hubo platos mejores y peores, insisto el mundo gastro es por definición subjetivo. Pero lo que si fue cierto es que en cada plato un camarero diferente hacía un resumen resumido de lo que comeríamos. Personalmente cuando hago el esfuerzo económico de acudir a uno de estos restaurantes top, lo hago porque como adicta a la cocina, me gusta experimentar pero también y sobre todo aprender. Por eso me parece fundamental la empatía con tu camarero de mesa. Una persona preparada que conoce el menú a la perfección, a quien puedes preguntar y con quien puedes comentar. Tampoco aquella noche en Mugaritz pude tener un enlace entre la cocina y el salón. 24 personas diferentes hacían esfuerzos por describir lo que presentaban. No se trata de cortar conversaciones ni de dar charlas interminables sobre cada plato, pero un mínimo de empatía y de explicación porque al menos yo y mis amigos aquella noche soñábamos con aprender. Cada duda la preguntaba y en alguna ocasión no me supieron responder. La decepción inicial se empezaba a convertir en rabia.

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Nos gustaron cinco platos de los 24. (Insisto en la subjetividad en cuanto a sabores)

imageEl mejillón en tempura con hoja de hierbabuena, la anchoa cubierta por falso queso azul elaborado con pan inoculado en penicilina. Preciosa la presentación del primero en llegar. Anguila ahumada y crema de anguila recubierta por flores comestibles que equilibraban muy bien el ahumado. “Todo degenera en manos de los hombres” Jean-Jacques Rousseau en la mesa. Para comerlo un tenedor de azúcar representaba la decadencia veneciana del siglo XV, donde al parecer y según nos explicaron, se comía con cubiertos de azúcar para demostrar poderío. Y el lomo de salmonete con crema de bacalao y flores crujientes. Se agradecía algo realmente único, especial, armonioso en boca, perfecto punto de cocción y muy sabroso.

imageLas presentaciones y emplatados eran muy mejorables, con alguna excepción, pero   hubo momentos en los que incluso sentí que nos tomaban el pelo, como cuando nos pusieron una mini empanadilla a la que debíamos rociar una escasísima mantequilla de orégano que supuestamente estaba en un trocito de madera, y dentro el vacio, hueca. No en vano era denominada “empanadilla de viento”.

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Las temperaturas tampoco estaban equilibradas, el cordero más bien frío y los tiempos de cocción dejaban mucho que desear sobre todo en un pequeño trozo de chuletón con salsa de praliné y flor de ajo. Nuestros “chuletones” no habían sido bien seleccionados, estaban muy duros, la carne muy hecha y los nervios complicaban el corte. La salsa de praliné era sin embargo excelente y junto a la flor de ajo eran lo que realmente aportaba el sabor a la carne.

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Los postres comenzaron con un gran trozo de pan que contrastaba con una mínima porción de queso de cabra (nada del otro mundo). Cuatro postres más llegarían después, versión de tarta al whisky, crujiente con crema de limón y anís, un excelente polvorón de cacahuete y corte de helado bastante insípido y en forma de sándwich.

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En conclusión y salvando los cinco platos que nos parecieron excelentes, los puntos de cocción pasados, los tiempos entre plato y planto no fueron uniformes y las presentaciones no estaban cuidadas. Todo en un 2 estrellas Michelin debe ser impecable, pues supuestamente todo se valora y se puntúa.

imageQuiero pensar que nuestra cena, con tanta emoción planeada, estuvo acompañada de la mala suerte, quizá la ausencia del chef… o quizá él ya nos lo había avisado… “Todo degenera en manos de los hombres”. La compañía un diez.

Colmenar del Arroyo. Un pueblo en verso

 Colmenar del ArroyoColmenar del Arroyo a 55 km de Madrid es un pequeño pueblo donde la poesía se lee y se respira.

 Luis Santos recuperó  la iniciativa del poeta mexicano Armando Alanís y su Acción Poética mediante la que quiso mostrar en las calles los poemas que no encontraban prensa ni editoriales. Su objetivo, que la poesía “deje de ser arma de futuro para convertirse en arma de presente para todos”. Podéis seguir esta iniciativa en FaceBook

 Frases, poemas, canciones, reflexiones que inundan las paredes encaladas para hacerte

sonreír…

 Meditar

Amar

 Una típica plaza de pueblo impregnada de buen rollo

Y otra frase que abre el apetito y las ganas de seguir disfrutando

Hemos llegado al El Mesón de Doña Filo

Dispuestos a dejarnos llevar

 el Mesón de doña FiloEl matrimonio de Julio Reoyo e Inma Redondo regenta este peculiar, pequeño y sorprendente restaurante. Exquisita cocina con  influencia mediterránea y cántabra. Dos mares que se encuentran en la Sierra de Madrid en una carta reducida pero selecta.

Como en la mayoría de las ocasiones fui con mi marido. Juntos disfrutamos de pequeños viajes gastronómicos para los que no hace falta ir muy lejos.

Tartar de salmón con vinagreta y mayonesa de hierbas. Alubias de Anguiano con carpacio de lengua de cerdo ibérico (extraordinario). Mero con col encurtida, cebolla dulce  y mayonesa de soja. Por último, pastela de cordero con espuma de patata.

El mesón de doña FiloVinos blancos de Casa Ermita y Picarana de la bodega Marañones de San Martín de Valdeiglesias. Y con el postre un moscatel Laura de Barbadillo, perfecto para el flan de huevo de corral con helado de cítricos. La tabla de quesos Elvira García de La Adrada.

Sabores de siempre en un menú de temporada, excelente presentación y una amplia carta de vinos para que el disfrute sea completo.

Colmenar del Arroyo, un pueblo en verso

 El Mesón de Doña Filo. Calle de San Juan, 3, 28213 Colmenar del Arroyo, Madrid

Teléfono:918 65 14 71

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Paperblog

El Chato de El Barraco

En el Valle del Alberche, Ávila, se encuentra El Barraco. Cuna de grandes ciclistas como Ángel Arroyo, Carlos Sastre o José María Jimenez. Muy próximo al Valle de Iruelas, al Pantano del Burguillo o a Las Cruceras, es el lugar idóneo para descansar después de recorrer estos bellos parajes de Castilla León.

Pero además, aquí se encuentra uno de mis restaurantes favoritos. El Chato. Siempre a la brasa de leña y con David al frente del negocio que pusieron en marcha sus padres, podremos tomar las mejores chuletas de cordero que recuerdo. Pero antes, empezamos con unos buenos callos, de esos que no se olvidan. Postres caseros hay varios a elegir, pero os recomiendo el flan de queso, y no cometáis el error de pedir uno para compartir…

imageImprescindible saludar a Perdy, que os recibirá como buen anfitrión.

 Podéis seguirles en su página de FaceBook, pero lo mejor es que comprobéis vosotros mismos…

Ah! Y no os olvidéis de chatear!

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El Cocido de La Gastrotaberna de Michele

(Fotografía amablemente cedida por  Esteban Capdevila)

Michele de Vita es un artista en los fogones, asesor gastronómico, chef y propietario de La Gastrotaberna. Un restaurante de pequeñas dimensiones pero gran contenido.

Con la llegada  del frío los platos de cuchara recuperan protagonismo. El cocido madrileño es de mis favoritos.

Había oído hablar mucho y siempre bien del famoso “Cocido de Michele”.

Y por fin pude probarlo.

El caldo tiene tanto sabor que alimenta por sí mismo. Los fideos son previamente ligeramente tostados y por ello tienen una textura muy especial. El tuétano le aporta una personalidad única, diferente y exquisita. El resto de ingredientes son de máxima calidad, se presentan por separado y el conjunto resulta realmente sabroso.

Hasta el día de hoy, y he comido muchos cocidos en mi vida, este ha sido sin duda alguna el mejor de todos.

Espero volver pronto a tu Gastrotaberna, un lugar que todo amante de la buena mesa debería conocer, para seguir descubriendo tu buen hacer.
imageLa Gastrotaberna. C/ Arte nº 33. Madrid (Zona Pinar de Chamartín)

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Casa Enrique

Casa Enrique

Que en Cantabria siempre se come bien lo sabemos todos. Pero si además añadimos la experiencia adquirida desde 1910, sus recetas centenarias y el mimo que las mujeres ponen en la cocina de Casa Enrique, el resultado es difícil de mejorar. (Digo mujeres porque según explicó Enrique aquí solo cocinan mujeres)

Cocina de temporada basada en productos de Cantabria que quizá nos hagan perder la cabeza, como el carico montañés, un tipo de alubia roja autóctona y guisada sin proteína animal, tan sólo con sus verduras, a fuego lento, durante cuatro horas y en cocina de carbón. (Ahí es nada). Y si le añadimos una piparras en vinagre, las lágrimas de placer  saldrán solas.

El zancarón de ternera en salsa o el cachón (jibia)  en su tinta, de la familia de la sepia y elaborado con tinta natural. Pero también cocochas, pescados del día, solomillos y carnes a la brasa, y si llegáis al postre, no os perdáis la Tupinamba, una receta centenaria de natillas y merengue al horno..

Casa Enrique: Paseo de la Estación, 20, 39710 Solares, España

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Pepe Solla o el rostro de la Felicidad

Dicen que Las personas que disfrutamos con la gastronomía somos un poco más felices que aquellas para las que comer es la mera obligación de alimentarse.  Pepe Solla (estrella michelín) les dedica además uno de sus menús degustación.

El Menú de la Felicidad que tuve la suerte de probar hace unas semanas en su restaurante de Pontevedra y además rodeada por esos amigos que tienen de especial el hecho de serlo de toda la vida.

Piedras que se comen, aceitunas rellenas camarones crujientes, bocata de molusco y el huevo que no es, fueron nuestro aperitivo. Excelente presentación, sencilla pero elaborada y cuidada a la vez.

Laconcita pibil de nabo. Lubina sobre puré de tubérculos, ensalada y ajada. Costilla ibérica con tirabeques y cachelos. El sabor de Galicia, la tradición y la vanguardia van de la mano al compás que marca  Solla.

Menú Degustación Pepe SollaSelección de quesos gallegos, cítricos antes del postre, y ese Soufllé Tradicional Solla..

Soufflé SollaSi especatacular es la concina de Solla, no menos lo es el trato. Él mismo se ocupa de todas las mesas, de sus clientes, uno a uno.

Pepe Solla Con mimo y entrega.

Pepe Solla va dejando un poquito de su sonrisa en cada una de las mesas de su siempre lleno restaurante en Poio.

Pepe Solla o el menú de la Felicidad

(Menú Degustación 61 € por persona, el vino y las bebidas van a parte)

 

 

 

 

 

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El Castrejón. Cebreros

El CastrejonEs nuestro restaurante familiar. No porque pertenezca a la familia, sino porque a El Castrejón de Cebreros nos gusta ir en familia, a veces también con amigos, cuando los fines de semana vamos a desconectar a esta villa de Ávila.

Una antigua destilería de anís ofrece cocina de mercado, productos de la tierra, deliciosas y muy variadas  ensaladas. Verduras a la plancha, setas de temporada, o mi favorita sopa castellana que en esta época del año se agradece ¡como el agua en mayo! Otros platos de cuchara de la cocina tradicional avulense, como las judías del Barco de Ávila, o las patatas revolconas, el revuelto de morcilla o los huevos rotos con gulas..

Extraordinaria carne en diferentes propuestas, desde chuletón o solomillos de ternera de Ávila, carne a la piedra, carpaccio. Pero también sus pescados son ricos, frescos y sabrosos. Bacalao, merluza y una riquísima sepia.

El yogur con frutas del bosque casero para terminar es una delicia.

Su servicio es impecable, son cariñosos y atentos, cuidan el detalle y tienen sillas disponibles  para bebés. En primavera y verano se puede comer o cenar en la terraza y además es un pequeño hotel rural.

Hotel Restaurante El Castrejon Cebreros es ruta para los amantes del motociclismo. Rodeado de verdes parajes, valles como el de Iruela, sierras y lugares para perderse entre piedras, árboles y pastos de vacas.

Una preciosa excursión para pasar el día o para disfrutar de un tranquilo fin de semana.

El Castrejón. Calle Los Caños nº 10 05260 Cebreros (Ávila)

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